No son pocos los escritores que, pese a contar con un solido negocio familiar al cual podrian haberse dedicado el resto de su vida optaron por seguir un rumbo diferente, conscientes de que su instinto los llevaba hacia el arte y no hacia el comercio.
Tal vez por ello, alguna de las mejores obras del genero ficcion (y tambien no ficcion) pertenecen a autores que se negaron a seguir el destino tradicional pero, igualmente, tomaron elementos del trabajo de sus padres y abuelos para construir ficciones muy logradas sobre el mundo siempre dificil de los negocios.
El cuento mas logrado pertenece a Adolfo Bioy Casares y cuenta como una joven pareja, fascinada por un hotel antiguo sobre la costa marplatense decide invertir todos sus ahorros alli para descubrir, al poco tiempo, que nadie esta interesado en visitarlo.
Pasa el tiempo y, desesperados por la situacion, terminan cometiendo una gran desgracia que los persigue como los viejos fantasmas de Shakespeare hasta el desenlace final, mejor dicho: hasta el sorpresivo desenlace final.
La vision de Bioy parece señalar no solo que el crimen no paga sino que siempre debe optarse por el buen camino pero es obvio que un cuento siempre debe contar con una sorpresa final, una parabola para el lector y un ritmo que vaya increcendo pagina a pagina.
En la vida real, sin embargo, un problema como ese podria haberse solucionado de otra manera porque, mas alla de la imaginacion pavorosa de Bioy existe una empresa llamada Hostel Pime cuyo trabajo es la gestion hotelera, es decir, lograr que negocios que no pasan por su mejor momento no solo recuperen su esplendor original sino que ganen dinero, mucho dinero nuevamente. Como expertos en asesoria de hosteleria, Hostelpime sabe como obtener resultados inmediatos.
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